Dónde invertir mi dinero en 1, 5 y 10 años

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Una de las principales decisiones que todos los inversores tienen que tomar para acometer una inversión es decidir el horizonte temporal. Y es que no es lo mismo pensar a corto, a medio o a largo plazo; en otras palabras, los resultados pueden ser bastante diferentes si elegimos una inversión a 1, 5 o a 10 años.

Diferentes plazos exigen diferentes estrategias de inversión e incluso distintos productos. Cada modelo debe responder a una estrategia individual, a un perfil de riesgo y a unas necesidades diferentes. Pero, ¿cuáles son las diferencias? Te lo explicamos.

Dónde invertir mi dinero en menos de un año

La inversión a corto plazo, a menos de un año, suele tener, en la mayoría de los casos, un objetivo especulativo en bolsa. Se trata de obtener la máxima rentabilidad posible en el mínimo espacio de tiempo. Para lograr este objetivo es necesario adoptar una estrategia agresiva y contar con los activos que más liquidez puedan proporcionar, como acciones, ETF o productos derivados, como futuros, warrants o CFDs, entre muchos otros.

No obstante, existen otros modelos menos agresivos que sirven para proteger el patrimonio de los inversores ante situaciones transitorias de incertidumbre y volatilidad, como la actual situación marcada por la expansión mundial de la COVID-19

La inversión en activos refugio como el oro, la búsqueda de fondos de retorno absoluto que proporcionen una rentabilidad positiva con independencia de las condiciones del mercado o los fondos monetarios son buenas alternativas a corto plazo. Incluso, y si la inflación lo permite, una buena opción es mantener parte del capital en liquidez.

El objetivo de estas estrategias es preservar el capital, con un enfoque similar al que adoptaría un inversor que tuviese su dinero en un depósito a doce meses, con la diferencia de que, en este caso, hablamos de inversiones con mucha mayor liquidez.

Dónde invertir mi dinero a cinco años

Un horizonte temporal de entre 3 y 5 años es considerado como una inversión a medio plazo. En este caso, la estrategia cambia bastante, ya que el objetivo de la inversión no es tanto obtener la máxima rentabilidad, sino cumplir una serie de objetivos que nos hayamos marcado, como ahorrar para la universidad de nuestros hijos, un coche o la entrada de una vivienda.

A 5 años, sería una buena estrategia poder captar toda la fase de recuperación y crecimiento del ciclo económico, especialmente si está en auge y está en la fase incipiente de crecimiento.

En estas circunstancias, los inversores más agresivos suelen apostar por empresas de crecimiento (una estrategia que se conoce como “growth”), es decir, aquellas que tienen un fuerte potencial de crecimiento de sus beneficios a corto y medio plazo. Son empresas consolidadas que, normalmente, operan en mercados asentados como el europeo o el estadounidense.

Existen fondos de inversión específicos que replican esta estrategia de inversión, combinados con otros tipos de activos más conservadores para componer una estrategia mixta. Una opción igualmente atractiva es la inversión en fondos indexados a grandes mercados, como el S&P 500 en Estados Unidos, o incluso al mundo, con un fondo indexado al MSCI World que obtenga el crecimiento de la economía mundial en su conjunto, aunque con una evidente ponderación de empresas de gran capitalización.

Los inversores más conservadores pueden optar por una estrategia de renta fija con bonos del Estado combinados con bonos corporativos o incluso con depósitos a plazo fijo que se adapten a su horizonte temporal.

Dónde invertir mi dinero a diez años

La inversión a diez años es lo que se conoce como el largo plazo. El objetivo de este tipo de inversiones es generar un gran patrimonio que contribuya a generar rentas pasivas para el inversor, aprovechando todo el potencial del interés compuesto. 

Diversos estudios han demostrado que el activo que mejor funciona en periodos largos es la renta variable, fundamentalmente las acciones de empresas. Sin embargo, no todos los mercados funcionan igual, y lo que puede ser válido para algunos puede no serlo para otros. 

El ejemplo más claro es Japón, una economía que lleva 25 años en crisis, y cuyos índices viven un periodo lateral casi permanente. De hecho, en los últimos 30 años, el Nikkei, el índice más representativo del país nipón, ha perdido un 2,47% de su valor. Algo similar, aunque con una caída mucho más abrupta, ha ocurrido con el IBEX-35, que ha perdido un 55% de su capitalización en los últimos 13 años.

Entonces, ¿cuál es la mejor opción? Una buena alternativa sería diversificar geográficamente a través de un fondo de renta variable global que, además, adopte una visión de inversión en valor (value investing) o de inversión en dividendos, si el objetivo es obtener una renta pasiva por un alto patrimonio.

Incluso, en ciertos casos, si el objetivo es la jubilación, puede ser interesante mover nuestro dinero a un plan de pensiones. Se trata de un producto mucho menos líquido pero que tiene un importante y beneficioso impacto fiscal para el partícipe.

En definitiva, no hay una estrategia mejor que las otras para invertir. Como hemos visto, todo depende del perfil de inversión que tengamos y, sobre todo, de nuestro horizonte temporal.