Depósitos bancarios: definición y tipología

Sin lugar a dudas, los depósitos bancarios son el producto de ahorro preferido por los españoles. Su funcionamiento es muy sencillo: el ahorrador deposita su dinero en una entidad bancaria durante un plazo determinado y, llegada la fecha de vencimiento, la entidad le devuelve el capital junto con un tipo de interés que previamente se ha acordado.

Las ventajas de los depósitos están fuera de toda duda, sobre todo en estos tiempos tan convulsos: están garantizados por un fondo de garantía de depósitos, son muy transparentes, sencillos de contratar (y aún más sencillos de hacerles el seguimiento), cuentan con distintos tipos de horizontes temporales (los hay a corto, medio y largo plazo), etc.

En este artículo te explicaremos cuáles son los principales tipos de depósitos bancarios que existen para que puedas decidir cuál es el que mejor se adapta a tu situación financiera y a tus objetivos.

¿Qué tipos de depósitos bancarios existen?

#1 Depósitos bancarios a la vista

Son los depósitos bancarios más conocidos, los más contratados y los más líquidos, ya que permiten disponer del dinero depositado en cualquier momento. En la práctica, una cuenta corriente, una cuenta de ahorro o una cuenta remunerada son depósitos a la vista.

Se trata de depósitos muy sencillos y que exigen pocos requisitos de apertura. Su objetivo último no es proporcionar rentabilidad al ahorrador (de hecho, esta es escasa o nula) sino actuar como soporte operativo para poder realizar operaciones como un ingreso en cuenta, un pago, una transferencia, una domiciliación de recibos o sacar dinero de un cajero automático.

Normalmente, estos depósitos conllevan el cobro de comisiones de administración, mantenimiento, por descubiertos en cuenta, por hacer transferencias… No obstante, la mayoría de entidades financieras ofrecen algunas ventajas si domicilias la nómina o un cierto número de recibos bancarios.

#2 Depósitos bancarios a plazo

A diferencia de los anteriores, los depósitos bancarios a plazo (también llamados depósitos a plazo fijo o imposiciones a plazo fijo) sí tienen una finalidad inversora. En este caso, el ahorrador entrega una cantidad de dinero a la entidad bancaria y se compromete a no retirarla durante un tiempo determinado. Transcurrido ese plazo, la entidad devuelve el capital junto con los intereses pactados.

A efectos prácticos, es como un préstamo que el ahorrador le hace al banco y, a cambio, le cobra un tipo de interés que previamente se acuerda. Este tipo de depósitos siempre tienen una fecha de vencimiento, transcurrida la cual el depositante podrá disponer de su dinero libremente.

Si necesitase el dinero antes de esa fecha, deberá abonar algún tipo de penalización o comisión por cancelación anticipada, aunque no en todos los depósitos (en algunos no existe esta penalización).

La rentabilidad de los depósitos a plazo que ofertan los bancos españoles es muy baja. Sin embargo, hoy en día es posible (y muy fácil) acceder de forma gratuita, segura y sencilla a depósitos con buenas rentabilidades europeas.

#3 Depósitos bancarios con remuneración en especie

Con el objetivo de captar clientes, algunas entidades ofrecen, en vez de dinero, algún tipo de regalo, desde un robot de cocina hasta un televisor pasando por una videoconsola, una vajilla o un balón de fútbol. Hay regalos para todos los gustos.

También en este caso el depositante se compromete a mantener el depósito durante el plazo estipulado en el contrato. Si decidiese rescatarlo antes, tendrá que abonar una penalización (que suele ser equivalente al precio del regalo).

La rentabilidad, por tanto, no es monetaria, sino que se trata de una remuneración en especie que, por supuesto, está sujeta al pago de impuestos y debe tributar en la declaración de la renta.

#4 Cuenta Individual de Ahorro a Largo Plazo (CIALP)

Los CIALP (Cuenta Individual de Ahorro a Largo Plazo) son un nuevo tipo de depósito bancario que nació en 2015 junto a los SIALP (Seguros Individuales de Ahorro a Largo Plazo).

Los primeros los comercializan los bancos y los segundos las aseguradoras. Tanto uno como otro tienen la finalidad de fomentar el ahorro a largo plazo. De hecho, también se les conoce como Plan de Ahorro 5 porque no se pueden rescatar antes de 5 años.

El punto fuerte de estos depósitos es que están exentos de tributación en la declaración de la renta una vez pasados los 5 años. Como hándicap, su límite de ahorro anual es de sólo 5.000 euros por contribuyente (son seguros individuales que van a nombre de una sola persona).

#5 Depósitos bancarios a interés variable

Este tipo de depósito no es tan sencillo como los anteriores. Se diferencia de ellos en que el ahorrador no conoce de antemano el interés que va a recibir por su dinero, ya que está en función de algún índice determinado, normalmente el euribor.

La mayoría de los bancos que comercializan este tipo de depósitos ofrecen la rentabilidad de euribor más un diferencial fijo. Por tanto, el cliente solo tiene garantizado el diferencial (aunque realmente ni siquiera eso, ya que el euribor se encuentra en terreno negativo).

#6 Depósitos estructurados

El último tipo de depósito que vamos a repasar es el depósito estructurado. Es el producto de ahorro más complejo de todos los de la lista y está dirigido a personas con conocimientos financieros sólidos.

La rentabilidad que ofrecen depende de lo que se conoce como un activo subyacente, que puede ser un índice (como el euribor) pero también algún valor bursátil (un paquete de acciones). En cualquier caso, el tramo de rentabilidad garantizada suele ser muy pequeño en comparación con la parte variable que queda a expensas de cómo evolucione el activo. Además, son depósitos con muy poca liquidez.

Ahora que ya conoces los distintos tipos de depósitos existentes, ¿con cuál te quedas?