¿Por qué es necesario diversificar? Así puedes diversificar una cartera concentrada

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Imagina que recibes una herencia, y decides invertir el dinero, colocando ese capital en una única empresa. La rentabilidad de tu cartera dependerá de los resultados de una compañía, cuyas acciones pueden subir, pero también bajar. Es más, cabe la posibilidad de que, incluso, la empresa quiebre y pierdas todo tu patrimonio. 

Puedes incluso invertir en varias empresas de un mismo país o que ejerzan su actividad en un mismo sector, pero entonces tu inversión estará expuesta al riesgo de un solo país o las vicisitudes de una industria concreta.

El refranero español es sabio, y recomienda “no poner todos los huevos en la misma cesta”, es decir, repartir el capital entre varios activos para ajustar el riesgo. En otras palabras: diversificar. De hecho, es la opción más recomendada por los inversores y los expertos, ya que es la estrategia que históricamente ha proporcionado mejores resultados.

Cartera concentrada: qué es y sus beneficios

A pesar de los beneficios de la diversificación, todavía son muchos los inversores que deciden apostar por una cartera concentrada, es decir, una cartera con muy pocas posiciones, pero bien fundamentadas. 

Los defensores de esta estrategia sostienen que, en términos generales, es más difícil analizar muchas acciones que unas pocas para obtener buenos resultados y que, en tal caso, el esfuerzo de añadir más activos no mejora la diversificación de manera sustancial.

Por ejemplo, si la cartera está compuesta por 30 acciones y sumamos 70 más hasta llegar a 100, el trabajo de gestionar y analizar el segundo grupo de 70 acciones no va a generar una gran diferencia en comparación con el trabajo de gestionar y seguir muchas más empresas. No es una cuestión únicamente de dinero, sino sobre todo de tiempo.

Es más, en algunos casos, hay quienes creen que una cartera concentrada con pocas acciones puede incluso estar más diversificada que otra que tenga muchas, porque esta no está justificada con buenos fundamentos.

La diversificación de una cartera concentrada

La construcción de una cartera diversificada no se basa únicamente en añadir el mayor número de posiciones sin un criterio definido. Por ejemplo, añadir cada vez más empresas tecnológicas a una cartera no significa que esté diversificada, porque a todas ellas les afectan los mismos riesgos sectoriales y lo más probable es que, cuando el precio de una de ellas caiga, también lo haga el precio del resto.

El punto de partida de una correcta diversificación consiste en escoger activos que estén lo suficientemente descorrelacionados entre sí. Es decir, que cuando uno de ellos baje, el otro suba y así compense las caídas del primero. Gracias a esta diversificación, la volatilidad se reduce de manera significativa, haciendo que la cartera sea mucho más estable a lo largo del tiempo. Normalmente, esto se consigue añadiendo activos de diferentes países, de diferentes sectores y de categorías diferentes. 

Por ejemplo, una cartera diversificada puede tener una composición de bonos del tesoro como renta fija, renta variable global, oro y liquidez a partes iguales. De hecho, esta es, a grandes rasgos, la composición de la cartera permanente de Harry Browne, una inversión que es capaz de comportarse bien en cualquier condición del mercado gracias a su capacidad para adaptarse a todas las situaciones económicas y financieras.

Los fondos de inversión y ETF, dos instrumentos ideales para diversificar

Una de las razones que justifican las carteras concentradas es la dificultad de crear una cartera que esté lo suficientemente diversificada únicamente con acciones. Por ejemplo, imagina que tienes que replicar el MSCI World solo con acciones; tendrías que comprar las 1.644 empresas que componen este índice y en la misma proporción que la que establece el índice. El esfuerzo necesario para hacerlo, tanto en tiempo como, sobre todo, en dinero, no compensaría los beneficios de la diversificación e, incluso, es posible que ni siquiera sea posible.

En términos generales, para diversificar existe un instrumento más eficiente: los fondos de inversión. Sus especiales características hacen que sea el producto ideal para hacerlo, ya que es posible comprar participaciones con pequeñas aportaciones y así tener una diversificación casi automática.

Esta posibilidad es especialmente relevante cuando hablamos de fondos indexados, es decir, fondos de inversión que replican el comportamiento de un índice. Como ya hemos apuntado, un buen ejemplo es el MSCI World, ya que con pequeñas aportaciones, seremos accionistas de estas 1.644 empresas en proporción al capital invertido.

Asimismo, existe un instrumento análogo a las acciones, en el sentido de que también cotizan en bolsa: los fondos cotizados o ETF, y que también sirven para diversificar una cartera de inversión. Gracias a ellos, el inversor compra un conjunto de activos que añade a su cartera con pequeñas aportaciones y muy bajas comisiones.

La parte negativa de estos productos es que son poco flexibles, en el sentido de que no permiten añadir a través de estos vehículos otros activos que no formen parte de la cartera. No obstante, siempre es posible utilizar una estrategia mixta en la que coexistan fondos de inversión o ETF con acciones, y reducir así el riesgo derivado de la cartera gracias a la diversificación.